En primer lugar, las preguntas orientadoras del currículo permiten contextualizar el proceso de aprendizaje de los discentes, y esto es posible porque mediante estas interrogantes que se plantean los discentes inician un proceso de aprendizaje autónomo; se les da la oportunidad de que sean ellos quienes manifiesten sus inquietudes, intereses y necesidades, lo cual complementa la propuesta de enseñanza del docente. Asi mismo, el trabajo pedagógico se vuelve un proceso interdisciplinario, fortaleciendo el trabajo en equipo.
¿Cómo se puede planificar una evalación continua centrada en el estudiante?
La evaluación, entendida como un proceso contextualizado, debe empezar por tener un diagnóstico específico de las condiciones reales de aprendizaje de los discentes y a partir de esta situación fáctica responder a los ritmos y estilos de aprender que presentan cada uno de nuestros estudiantes.
Evitar, dar mayor peso a las pruebas estandarizadas para toda el aula, lo cual no refleja las verdaderas formas y procesos de aprendizaje. En tal sentido, promover en lugar de ello el trabajo en pares y de equipo.
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